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lunes, 10 de junio de 2019

De Varadero a La Habana


Luego de varios días en Varadero nos dispusimos a disfrutar las últimas horas en el balneario. Los días acompañaron con una temperatura cercana a los treinta grados durante el día y de unos veinte a la noche. Seguimos aprovechando cada instante de playa, pileta, comedor, bar, feria o lo que fuera. En este marco también asistimos a espectáculos al aire libre en el Teatro Sol Melia. Artistas de mucho nivel, todos cubanos, produjeron los más diversos shows a diario luego de la cena. Asimismo en otra ocasión un domador mostró sus dotes con diferentes animalitos: perros, caballo, monito, etc. En este resumen no faltan los personajes del lugar. Los barman de la tarde y de la noche, las camareras y Mercedes y Bruno del Tramontana, el bar de la playa. Siempre nos recibían alegres, bailando y con un trago en mano para invitarnos. Muchos turistas argentinos presentes, que al decir de los cubanos, junto con los rusos y con los canadienses son de los que más visitan la isla. El fin de Varadero llegó a pura alegría aguardando por el viaje a La Habana. Y de a poquito y atravesando magníficos paisajes fuimos en busca de la Capital cubana. Un guía con notables conocimientos nos disipó dudas y contó con lujo de detalles vida, obra e historia de Cuba, sobre todo desmitificando ciertas creencias que se divulgan en países que se rigen por la órbita del Imperio. Luego de dos horas arribamos al Trip Habana Libre, una mole de veinticinco pisos y no menos de cincuenta habitaciones por piso. Estábamos en el octavo y desde allí podíamos divisar toda la ciudad y al fondo el Atlántico. Cada espacio del hotel era inmenso: el comedor, los bares, el hall, los ascensores, la decoración, etc. Los servicios igual de eficientes que en Varadero con una gastronomía variada pero con el acento en los pescados. Y al día siguiente el comienzo del city tour por La Habana recorriendo sus calles, paisajes, gente, edificios, monumentos, próceres, etc. Y desde luego visitando sus lugares emblemáticos y sus infinitas bellezas.

Descubriendo La Habana


Desde temprano el city tour con su guía nos condujo por las calles y recovecos de La Habana. La Habana Nueva y Vieja, el Vedado y Miramar son algunas zonas en las que se divide la Capital. La Habana posee dos millones de habitantes y Cuba once. La primera bajada la hicimos en el Parque Gandhi para observar los antiguos y enormes ficus. Luego descendimos en una fábrica de habanos dónde se podía elegir una gran variedad de los mismos. Cuba es pionero en esta materia. Más tarde el Centro Cívico con sus edificios en derredor. El Capitolio y el Palacio Legislativo. Una explanada con inmensos murales de José Martí, Héroe Nacional, y del Che Guevara y Fidel Castro. A posteriori un Paseo de Compras con los productos caribeños. Y la Plaza de Armas. El caminar por las calles observando la arquitectura y formas de los edificios y el alma de la gente. Una murga que se nos atravesó dejando su impronta de baile y música. Encanto y sensualidad. El pasaje por el Malecón y por la Bodeguita del Medio fueron infaltables. Sobre todo en esta última nos tentamos para degustar un mojito en este sitio tan emblemático. Al mediodía una parada para almorzar un buen pescado en un restorán típico y seguir adelante. En las primeras horas de la tarde visitamos la Habana Club, la Fábrica de Ron. Allí apreciamos las instalaciones y nos enseñaron el proceso de esta bebida. Desde ya que la degustamos pero con más de treinta grados y a las tres de la tarde su ingestión acaso no haya sido tan apetecida. Ya de regreso recorrimos las calles adyacentes al Hotel. Comercios, bares y teatro fue lo que hallamos. Un cubano se ofreció gentilmente para mostrarnos algunos atractivos . Y nos llevó, entre otros lugares, al Bar dónde estuvo muchas veces Maradona. Cena, noche, música, tragos, buena compañía y el final de este inolvidable periplo por Varadero y La Habana. Recomendable y para volver.